Hoy me ha tocado hacer otra vez una de esas clases de introducción a los fundamentos de la fotografía. Durante las vacaciones de verano el instituto queda desvalido y algún gamberro se había dedicado a apedrear las persianas del aula, produciéndoles dos orificios. Se me ha ocurrido tapar uno de ellos y colocar delante del otro un papel vegetal. Inmediatamente ha aparecido invertida en él la imagen del patio. Un transeúnte espectral se ha desplazado sobre la hoja de papel, sin duda alguien que pasaba por la calle. Luego, un alumno ha preguntado qué pasaría si poníamos el papel junto a las rendijas de otra persiana que no cerraba bien. El instituto es viejo y no le iría mal un poco más de mantenimiento. Sobre el papel vegetal hemos podido ver una multitud de imágenes caleidoscópicas del patio, ya que cada agujerito se había transformado en un objetivo de la enorme cámara oscura que ahora era el aula.
En fotografía hay dos momentos que me parecen mágicos, aunque los haya visto mil veces. Uno se produce cuando se forma la imagen en la cámara oscura. El hecho de que se vea invertida no hace sino aumentar el misterio. El otro ocurre al sumergir el papel fotográfico en el revelador y observar cómo la imagen latente empieza a aparecer poco a poco. La penumbra del laboratorio, rota sólo por la luz roja de seguridad, hace que el momento sea aún más especial.
Por muy claras que sean las explicaciones que te indican el recorrido que se ven forzados a realizar los rayos de luz al atravesar un pequeño agujero, formando una proyección en el interior de cualquier espacio cerrado, por más que te cuenten que la fotografía sobre papel no es más que una reacción química en la que los granos de sal de plata que han recibido luz se oscurecen, es inevitable la sensación de incredulidad y de que algo especial está ocurriendo. Echo de menos estas cosas en la fotografía digital en la que, incluso aunque no entendamos ni mínimamente lo que está pasando dentro de la cámara, la magia y el encanto ha dejado de existir.
5 Responses to El encanto de la fotografía
Deja un comentario Cancelar respuesta
Autores de pensarlibre
- Francisco Lapuerta Amigo (85)
- Jorge Mínguez (72)
- Juan Antonio Rivera (39)
- Manuel Pino (31)
- Enrique Clavel (19)
- Rebeca de Luna (4)
- José Antonio Montano (1)
Nube de etiquetas
ética aburrimiento arte autoconciencia autocontrol autoengaño autoimagen azar eventual azar natural azar social beneficios del dolor conocimiento cuerpo curva de Wundt deseo dolor estética experiencia estética felicidad filosofía flujo gusto identidad personal indefensión intraindividual mente metapreferencia muerte obsesión optimismo orientación al futuro particulares pesimismo placer Platón realidad en sí recompensas intrínsecas representación satisfacción soberbia racionalista subproductos sufrimiento tiempo voluntad yoComentarios recientes
- Alguien en Urbanismo espontáneo
- Alejo Urzass en La insociable sociabilidad
- Pau en La insociable sociabilidad
- Jordi Riera en Lenguaje barroco
- núria en Oscuridades filosóficas
- Alejo Urzass en Lenguaje barroco






De acuerdo en que la magia y el encanto de la fotografía en papel no es la misma que en la digital. Tal vez sea porque nos aferramos a una costumbre de tanto tiempo y por la emoción que nos produce ver fotografías antiguas de la niñez o de nuestros antepasados.
Esas fotos desteñidas a las que alude Miguel Hernández:
“….Algún día
se pondrá el tiempo amarillo
sobre mi fotografía.”
Abel, en realidad no estoy seguro de que las sensaciones de las que hablo tengan que ver con la memoria ni con algo emocional. Me refiero a la misma sensación que notamos al leer El gran arte de la luz y de la sombra, que escribió Athanasius Kircher siglos antes de que apareciera la fotografía. Es la magia de los espejos, de las proyecciones y las fantasmagorías.
Precioso y sencillo el relato para explicar la magia de una emoción
Esa magia en la forma de gestarse la imagen, en la que la mano del hombre parecía no intervenir apenas, estaba en el origen de lo que Barthes denominaba “efecto de real”: implicaba que la cámara de fotos había estado en el sitio concreto y en el momento preciso en el que una realidad había tenido lugar, y su imagen atrapada (registrada) dentro de la cámara como si fuera una máquina de recoger fósiles.
Con la digitalización de la imagen y el célebre photoshop sabemos que una imagen de apariencia fotográfica puede ser sintética, bien creada o generada, bien producto de una manipulación. Por eso la la sensación de maravilla desaparece junto con el “efecto de real”.
Sin duda es preciso “algo” para estar encantado. Sin duda una cámara oscura es más encantadora que un archivo digital. Pero a pesar de todo mantengo la idea de que lo esencial es ese “algo”, cualquier “algo”.
Otra cosa: estar encantado no es estar entretenido. El entretenimiento es algo así como el hermano menor del encanto. El encanto es más incluso de lo que se suele entender por “encanto”
Y otra, al resguardo de una triste noticia. Tapies ha muerto. En su memoria y a modo de modesto recuerdo y homenaje: ese arañazo, ese gesto gráfico, ese signo, esa huella, esa señal, todo eso ecanta en sentido superior.