Después del esfuerzo que he debido hacer para completar la lectura de las 650 páginas sobre física de partículas que forman el libro de Lisa Randall Universos ocultos (Acantilado, 2011), y reconociendo sin rubor que no he alcanzado a comprender más que una exigua parte de su contenido, mi desconcierto sobre la complejidad del mundo es ahora más formidable. ¡Podría ser que estuviésemos viviendo en el interior de una brana y no nos hubiéramos dado cuenta!
Si no lo he entendido mal, una brana es una especie de frontera (o membrana) que delimita un espacio en el que rigen unas leyes físicas. Nuestro universo tiene tres dimensiones espaciales y una temporal, pero si la teoría de cuerdas está en lo cierto, más allá del horizonte de sucesos que limita lo que hoy por hoy es el universo conocido, puede haber otros universos con dimensiones extras o, mejor dicho, otras branas que atrapen leyes físicas no necesariamente idénticas a las del universo conocido. Al parecer, esas regiones ignotas de la realidad podrán ser detectadas en un futuro próximo en el LHC de Ginebra a través de la interacción de partículas lanzadas a una energía superior a la que se ha venido utilizando hasta ahora. Estamos cerca de descubrir grandes cosas.
Sería curioso, por ejemplo, descubrir que vivimos dentro de un agujero negro de otro universo superior que a su vez está dentro de otro agujero y así sucesivamente, como en una serie infinita de muñecas rusas. No es ésta la hipótesis de Randall. Más bien ella piensa que hay una quinta dimensión que se comunica con nuestro universo tetradimensional a través de las partículas de Kaluza-Klein. El hecho de que la intensidad de la fuerza de la gravedad sea mucho más débil que la de las otras tres fuerzas que existen (nuclear débil, nuclear fuerte y electromagnética) tiene algo que ver en ello.
Sólo podemos conocer el universo que nos rodea a una distancia hasta la que luz haya podido viajar desde el Big Bang, pero el Big Bang no tiene por qué ser un milagro surgido de la nada. Hay algo más; seguro. Por ejemplo, podría ser que este universo fuera una isla gravitatoria en medio de otro universo más amplio. Cualquiera de las desconcertantes posibilidades que exploran los físicos de partículas apunta hacia una extensión del marco en el que ahora nos movemos. Esto no hace que la realidad sea más inteligible. Más bien al contrario, demuestra que nuestra capacidad de conocer es más pequeña de lo que suponíamos, pues el mundo se revela enormemente vasto y complejo. Se cumple así la paradoja de que cuanto más avanzamos en el conocimiento, mejor nos damos cuenta de que es muy poco lo que todavía sabemos. Esto debe hacernos sentir tan pequeños y humildes como cuando Copérnico descubrió que la Tierra no era el centro del universo.
¿Estamos a las puertas de otra revolución en la física? Lo único que sé es que la percepción humana de la realidad es mucho más limitada que la realidad misma. Eso es, precisamente, lo que le animó al joven Schopenhauer a dedicarse a la filosofía.
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“Cuanto más dependiente permanezca el mundo entero del animal que conoce, tanto más imperfecto será éste; pues, de otro lado, este animal no deja de ser un minúsculo miembro de la gran cadena de las causas, dependiendo absolutamente de ese mundo y sus transformaciones.“ (1)
1. Arthur Schopenhauer, Escritos inéditos de juventud, Valencia, Pre-Textos, 1999, págs. 111-112 (trad.: Roberto R. Aramayo).
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Coincido contigo en que la lectura de libros del tipo del que comentas es ardua: para empezar, nos suele faltar suficiente formación básica al respecto. Pero aun así podemos llegar a conclusiones interesantes.
Para mí lo primero que aparece es Sócrates: “Yo solo sé que no sé nada”. Es algo categórico pero a la vez consolador: somos limitados pero a la vez capaces de saber que lo somos. Capaces de intuir que nuestras dimensiones (las únicas que podemos “apreciar”) no son las únicas que constituyen lo real; la realidad está “ahí” aunque se escape de nuestra comprensión.
El hombre es un animal curioso que puede literalmente transcenderse: se encuentra encerrado en tres dimensiones espaciales pero sabe manejarse en la geometría “pluridimensional”; es capaz de utilizar su raciocinio para operar con números “irracionales”, de convivir con números “imaginarios”. Esa cualidad, esa capacidad intuitiva del ser humano, es la que me parece más maravillosa, más reveladora de su limitación y a la vez de su grandeza…
De acuerdo con El Padrino en que la realidad está ahí aunque se escape de nuestra comprensión. Los descubrimientos actuales y futuros, por fabulosos que parezcan, no son más que eso: “descubrimientos” de realidades existentes con anterioridad.
Ya lo dijo el mismo Einstein: “La teoría de la gravitación universal de Newton la descubrió y la formuló el hombre, pero antes ya era una realidad”.
Sin haber resuelto el problema que nos plantea nuestro doméstico y familiar “velo de Maya” interpuesto entre los fenómenos y las “cosas en sí” ¡viene la ciencia interponiendo otros!
De momento reconoces que no has alcanzado a comprender más que una exigua parte de su contenido, cuando repares en que también esa exigua parte que creias comprender es ininteligible habrás entendido del todo la naturaleza de esas fútiles paraciencias