Desde la sensibilidad actual, Jacques Louis David nos suele parecer un pintor relamido que hacía cromos con temas romanos. Sin embargo, al situarlo en su época, nuestra opinión puede cambiar drásticamente, ya sea para mejor o para peor, pues veremos que fue un gran publicista político, capaz de crear los iconos que la revolución necesitaba. Esos temas clásicos que elegía los presentaba de manera que los ciudadanos franceses se pudieran sentir fácilmente identificados, y para ello no dudaba en enseñar sus obras de manera efectista. Así, por ejemplo, El rapto de las sabinas se exhibió aislado en una habitación y con un espejo en la pared opuesta, de manera que el visitante contemporáneo se pudiera ver a sí mismo incluido dentro de la acción.

David militó desde el principio en el ala más radical de los revolucionarios, los jacobinos, y cuando uno de sus líderes más populistas, Marat, fue asesinado, pintó un cuadro en su honor. Marat fue un exaltado que no dudaba en pedir la guillotina para cualquiera que le pareciera contrarrevolucionario, lo que produjo una verdadera avalancha de ejecuciones. Además, padecía una enfermedad cutánea que le daba un aspecto repugnante, con lo que no ha sido difícil presentarlo posteriormente como el monstruo que seguramente fue. Sin embargo, David lo pintó inmaculado como un cristo yacente, desnudo en la bañera en la que murió mientras escribía (solía hacerlo así para paliar los picores que le producía su enfermedad), iluminado fuertemente ante un fondo de penumbra casi abstracta que ocupa la mitad del cuadro, con la herida en su pecho que recuerda a la que dejó Longinos en el cuerpo de Cristo. Al exponerse el cuadro, los parisinos pasaban ante él como los creyentes ante un santo.

Hoy día, en nuestras descreídas sociedades occidentales parece imposible que aparezcan personajes e iconos capaces de aglutinar a la gente y hacerla actuar. La Bastilla la tomaron 900 parisinos. Hoy en cambio hay casi cada día manifestaciones, algunas de bastantes miles de personas, que deambulan por la ciudad como si de un paseo se tratara. Los manifestantes bailan a ritmo de tambores y muchos llevan a sus niños, mientras los turistas les hacen fotos desde las habitaciones de sus hoteles como si fueran una curiosidad folclórica más. Al día siguiente, muchas veces ni se hace mención en la prensa. Pocos amagos de violencia hay. Aún así, recientemente las autoridades están tomando medidas para suprimir de raíz el más mínimo intento de acción directa: una sindicalista lleva presa desde el 19 de abril por atreverse a quemar unos papeles ante la bolsa de Barcelona sin ir embozada, e incluso la resistencia pasiva ha pasado a ser considerada delito. Quizá las autoridades temen que Marat resucite.

J.L. David: La muerte de Marat. 1793

NOTA: Este post lo escribí hace días. Ha habido alguna novedad respecto a los casos que menciono. En concreto, la sindicalista fue liberada el jueves pasado. Al parecer, el motivo para mantenerla casi un mes en prisión preventiva fue evitar que pudiera participar en el 1 de mayo y en las protestas contra la reunión del BCE en Barcelona.

 

19 Responses to À Marat

  1. La bleda assolellada dice:

    Marat era un tirano sangriento y cualquiera que ame la libertad lo detesta. J. L. David fue un gran pintor y una persona deplorable (el artista comisario lo llama Cabrera Infante en un gran artículo:
    http://elpais.com/diario/1988/01/24/opinion/569977210_850215.html).
    La verdadera heroína fue Charlotte Corday (que ud. por supuesto ni cita, le debe parecer una reaccionaria de tomo y lomo), que libró a los franceses de este personaje siniestro y que fue guillotinada unos días después. Lo que se me escapa, como muchas veces cuando le leo, es que pinta en todo esto la sindicalista, las autoridades…etc. El final es antológico: Quizá las autoridades temen que Marat resucite. El pueblo no, el pueblo está pidiendo a gritos que venga un nuevo Marat y que desempolve la guillotina. ¡Ay, aquellos tiempos crédulos y violentos! Por cierto, ¿qué es eso de la resistencia pasiva?

  2. Manuel Pino Manuel dice:

    Bleda, me alegro de volver a leerle, aunque creo que usted no me ha leído a mi objetivamente, puesto que repite cosas que yo también he dicho, aunque no de una manera tan rotunda como usted o Cabrera. Efectivamente, Marat fue un exaltado al que en buena medida se le debió el baño de sangre del Terror. Lo que pasa es que creo que la gente de derechas suele olvidar deliberadamente una parte de la historia: la Revolución Francesa fue una reacción necesaria en un momento en el que la población pasaba hambre y no había ningún tipo de libertad política. Ciertamente, ante el temor fundado a que la contrarrevolución terminara por imponerse, la situación se radicalizó y se cometieron verdaderas salvajadas. Aquí convendría discutir si Maquiavelo tenía razón al pretender que el fin justifica los medios, puesto que la aportación de la Revolución Francesa a la sociedad moderna creo que nadie negará que fue positiva (ni los neoliberales, ya que se trató de una revolución burguesa). De esa visión sesgada adolece precisamente el artículo de Cabrera. Podría tomarse como muestra de lo tendencioso que es el tipo de descalificaciones que hace de los revolucionarios, que no se limitan al terreno ideológico y de la acción, sino que entran en la burla por cuestiones físicas (que si David tenía un quiste que le deformaba la cara y era tartamudo, que si Marat sarcoidosis, que si Robespierre era muy bajo y con voz de pito,…). Si yo dijera que Cabrera fue un derechista cuatroojos con cara de sapo estreñido y barba de chivo seguramente usted me tendría por una persona mezquina, y con toda la razón. Así de mal actuó él al escribir ese artículo, lo que le quita buena parte de la razón que pudiera tener. Justamente es un buen ejemplo de la burda caricaturización que la gente retrógrada suele hacer de quien no tiene sus mismas ideas.

    Por lo que respecta a no citar a Corday… tampoco cito a Robespierre, ni a Luis XVI, ni a casi nadie, simplemente porque no era mi intención extenderme.

    “Resistencia pasiva” es una expresión coloquial para referirse a aquella en la que no se ejerce ningún tipo de fuerza ni intimidación sobre el agente de la autoridad, sino que se limita a no actuar (no moverse del sitio). El actual código penal ya considera un delito este tipo de “no acción”, tipificándolo como desacato o resistencia a la autoridad. Sin embargo, para este delito no se establecen penas superiores a un año, por lo que no se va a la cárcel si no se tienen antecedentes. Lo que pretende el actual gobierno de derechas es equipararlo al delito de atentado a la autoridad, por el que sí se ingresa en prisión, ya que tiene una pena mínima de dos años. Vamos, que si un grupo de desahuciados se sientan a protestar en la puerta del banco los pueden llevar directos a la trena. Al ejemplo de la sindicalista se le podría añadir la supresión temporal del acuerdo de libre circulación europeo que se dio antes de la cumbre del BCE. Se trata de medidas “preventivas” por las que se priva a la gente de derechos fundamentales por sus posibles intenciones, y no por hechos. Un principio básico de cualquier Estado de Derecho es que sólo son punibles las conductas, pero no los “delitos de pensamiento” (usando la terminología orweliana). ¿Qué tiene que ver esto con Marat? Afortunadamete poco… y esperemos que siga así. Cabrera usó en su artículo un termino nietzscheano que hacía mucho que no leía: “resentimiento”. No comparto la visión tan negativa de Nietzsche sobre este concepto. Para mi el resentimiento es una reacción defensiva, de la misma manera que la fiebre y, como ella, puede ser nefasta… pero sólo si llega a cierto punto. Creo que el gobierno tiene muy claro esto y por ese motivo está tomando una serie de medidas que limitan la libertad de la gente para protestar. Sólo se permiten las protestas cuando son completamente inocuas. ¿Qué estarán haciendo para temer que los ciudadanos puedan llegar a enfadarse de verdad?

  3. La bleda assolellada dice:

    Perdone que le diga que todo su discurso me saca bastante de mis casillas: que si derechas e izquierdas, que si neoliberales (qué risa), que si buenos y malos… (eso sí, ud. siempre en el lado bueno). Me recuerda a algunas monjas que tuve que soportar en mi adolescencia. La actitud de Cabrera Infante, menos de derechas (si es que eso tiene alguna importancia) y menos reaccionario que ud., es bastante explicable porque tuvo que soportar a muchos Marats en su Cuba natal. Esos Marats que en el fondo, según ud., nadie negará, yo sí, hicieron avanzar la historia en un sentido positivo. No hubo una sola Revolución Francesa, hubo muchas, y la fase que corresponde al Terror (de la que tanto aprendieron Lenin y otros revolucionarios del siglo XX) fue la más terrible y la más inútil.
    No acabo de entender eso de la resistencia pasiva y sus explicaciones no arrojan ninguna luz. Todos los ejemplos que pone tienen poco de pasivo (previamente los que protestan se han movido para ocupar un lugar en concreto y para limitar los derechos de otros ciudadanos). Y lo de la sindicalista quemando papeles en la vía pública ya es el colmo, ¿qué cree que me pasaría a mí si mañana hago una hoguera en la plaza de Cataluña?, ¿o es que las sindicalistas tienen que tener bula?

  4. armatostenes dice:

    Creo que las monjas que tuvo que soportar antaño estarían hogaño orgullosas de usted y de compartido “amor a la libertad”; y convencidas de que es, en parte, fruto de las enseñanzas catecumenales que le dispensaron durante su bisoñez. Me temo que se parece a ellas más de lo que usted hubiera deseado. Según dicen, también a las monjas, en su histérico furor uterino, cualquier cosa “las saca de sus casillas”.

  5. Pau dice:

    Entiendo, por el comentario de Bleda, que no existen ni derechas ni izquierdas y que toda manifestación de las gentes por las calles es un atentado liberticida contra los derechos de quienes no creen que se deba estar en una plaza debatiendo y compartiendo ideas y descontentos. Tampoco existen los neoliberales o anarcocapitalistas. Todo el que se reúna y manifieste que no se cree el discurso oficial, o que piense que ya es suficiente pantomima y que hay que salir a las calles pacíficamente, esa tipología de individuos son herederos directos de aquellos genocidas soviéticos o, más primigeniamente, del Terror de la Revolución Francesa: ¡cuidado con ellos!. Aunque ellos mismos parecen no saberlo, son utopistas exterminadores.

    Una lógica muy sui géneris que denuncia con hartazgo el buenismo de las izquierdas, perennemente enfrentadas a los supuestos malos que su obstruída inteligencia y desviada imaginería les ha perfilado. Porque no existen los símbolos, solamente los individuos y las personas, único reducto ontológico realmente confiable. No hay ni buenos ni malos según esta típica “intelligentsia liberal”, solo hay los listos (los susodichos liberales) y los tontos (los demás). Esa tontuna suya, abanderada de la pereza mental, los tiene obcecados día y noche con la revolución pendiente… Pero observemos los tercos e irreductibles hechos históricos: fueron malos malísimos todos y cada uno de ellos, y los secundaron los tontos tontísmos.

    • armatostenes dice:

      Pardiez, Pau! qué razón tienes en eso de que parece existir una intención entre el contubernio liberalicida–intereconomiástico-monjil en proscribir la demarcación buenos-malos para sustituirla por la dicotomía meritocrática listos-tontos. Ahora lo veo claro cristalino cuál Homero con chifardas: ellos son los listos!

      Lo que no me cuadra del todo con esta epifanía son las arcanas confesiones del perínclito Alan Greenspan, que de liberalismo entiende un rato, cuando dijo aquello de que sorprendentemente el liberalismo, consciente de que el sistema capitalista se basa en la ineluctable y feroz concentración de capitales en cada vez menos monederos y faltriqueras; y en el consiguiente perjuicio de la mayoritaria población, no había necesitado diseñar, para evitar el alzamiento de las masas, una campaña propagandística masiva basada en la desinformación –contrariamente a lo que los conspiranoicos hemos pensado siempre– pues de manera espontánea y sorpresiva había brotado toda una caterva de liberalistas en todos los ámbitos de la sociedad (funcionariado incluído), que sin pecunia de por medio, ni propios intereses espurios que salvaguardar, se ofrecían voluntariosamente y en gratuitad a realizar la labor publicitaria. Y añadía que el despropósito en el que incurrían estos simpáticos voceros sucedía por un vieja y conocida respuesta psicológica basada en el principio de supervivencia por la cual cuanto mayor es el sentimiento de derrota de un grupo y más agraviado, ofendido y violado se halla, tanto más se acrecienta el número de individuos que por supervivencia psicológica empatiza con el causante de sus males y se culpabiliza a si mismo y a su propio grupo, a quien considera merecedor de sus males. (Suena a meritocracia no?)

      La terrible consecuencia de todo esto es, básicamente, que cuanto más ignominiosa sea la persistencia del sistema capitalista, menor será el número de opositores y mayor el número de adeptos, rapsodas, alabanceros, panegiristas zalameros, apologistas y capilalistas sin caudales, osease liberales, osease listos.

  6. Alguien dice:

    Previamente a su protesta los que protestan se han movido. En efecto, profesor Del Pino. Yo tampoco entiendo cómo es posible salir a la calle para protestar pacíficamente sin moverse. Y moverse no es posible sin ser, al menos en algo, activo.
    Y aún perdonando a los resistentes pasivos el haberse movido para salir a la calle, ¿cómo podrían haberlo hecho sin salir de sus casillas, de sus pequeñas casas, de sus apartamentos? ¿Se ha visto alguna vez salir de sus palacios a los resistentes pasivos?
    ¿Qué es eso de la resistencia pasiva, profesor Del Pino?
    Recuerdo a los curas de mi colegio cuando, teniendo en la cabeza su versión de lo que preguntaban se ponían en jarras delante del alumno diciendo con aspereza: ¿qué es eso que me dice ud.?
    ¿Qué es eso de la resistencia pasiva cuando para salir a la calle hay que andar? ¿Qué es eso de que andar no es hacer ejercicio activo?
    En estas condiciones no puedo arrojar ninguna luz sobre todo esto. Ando a tientas, como en una viñeta del Roto.

  7. Alguien dice:

    Disculpas, Sr Pino: donde digo “del Pino” quiero decir “Pino”

  8. Pau dice:

    Llamémosle acción no violenta o marcha pacífica, o, para los amantes de las metáforas difusas y chascarrilleras, “demanda mansa, reclamación serena…”. Si es que hay algún cabo que no consigo hilar, alguna aviesa intención de la que no logro percatarme, parece ser un problema lingüístico únicamente. Pues ya está. Si se prentende en cambio meter en el mismo saco las acciones violentas que también se suceden por otros lares con las de estos, generalmente pacíficas, con la intención de descalificar toda oposición popular, entonces ya me explicarán a mí de qué manera protesta quien no está de acuerdo con Wert ni con las manis de hoy, por ejemplo. No defiendo una mera contestación. Los noes son muchos menos que los síes. Y algunos síes gozan de un notable concierto entre las gentes, otros detentan una mayúscula premura, y en general todos precisan de voluntad política para implementarse. Pocos realmente creen que por el arte de birlibirloque magiapotagiero del laissez faire las cosas irán a mejor porque siempre ha sido así (¡¿?!). Esa alquimia mistérica consistente en la más adecuada mixtura de mercado irrestricto (mecanismo que merece genuflexiones y amenes y que los tontos odian) y de estado mínimo se antoja como una medida insuficiente si no potenciamos educativamente ese buenismo que tanto (y a veces no sin razón) se denosta.

    Aplaudo la precisión psicológica de Armatóstenes. Yo también creo que un gran número del acomodaticio colectivo liberal proviene de otras ideologías más encarnadas y de utopías más gruesas. Añado que sobre todo es el aspecto económico del liberalismo el que más urgentemente necesita una remodelación. Si bien mola mucho como artefacto “generador de riqueza” (eufemismo del “hacer pasta” de toda la vida, cosas de la autocompasión que se ha mostrado en los últimos años), repartiéndola es nefasto y criminal. Y eso lo saben un gran número de liberales más sensatos y menos interesados que Greenspan o Friedman. Más les valdría abandonar sus obvios divertimentos de epatar las mentalidades bienpensantes y utopistas y mejor secundar constructivamente los cimientos de una sociedad donde la vida sea más justa y alegre.

  9. Alguien dice:

    Gracias, Pau, por sus aclaraciones acerca del resistente pasivo. Pero en mi comentario acerca del mismo solo atiendo al de Bleda (22 – 05 – 2012, 9, 28 horas). Y en éste, casi solo a esto: “No acabo de entender eso de la resistencia pasiva y sus explicaciones no arrojan ninguna luz. Todos los ejemplos que pone tienen poco de pasivo (previamente los que protestan se han movido (sic) para ocupar un lugar en concreto y para limitar el derecho de otros ciudadanos”.
    Y sigo sin entender cómo es posible decir eso ni qué clase de luz arrojar para evitarlo. El profesor Pino lo intenta. Armatóstenes igual.Usted lo mismo y yo por mi parte hago lo que puedo. ¿Cómo será posible salir a la calle sin moverse?

    • Manuel Pino Manuel dice:

      Alguien, salir de casa e ir a sentarse en una plaza o ante una entidad financiera ni es resistencia ni es el delito del que estamos hablando. La resistencia a la autoridad (vulgo “resistencia pasiva”) se producen en el momento en el que un agente de la autoridad ordena al que está sentado que se vaya y éste no obedece, pero tampoco agrede a los agentes, como ya dije antes. Bleda me parece una persona inteligente y seguro que lo entendió a la primera, lo que pasa es que le gusta buscarle tres pies al gato. La cuestión está en si es proporcionado penar con cárcel inmediata este tipo de conductas o si se trata de una medida represiva. Y lo de la hoguera en Plaza de Cataluña que dice Bleda… si la hoguera es para asarse unas chistorras y es pequeña y no deteriora nada, como mucho le pondrán una multa, pero si la hace como protesta política y hay algún acto reivindicativo en los días siguientes, se tirará una buena temporada a la sombra.

      • Alguien dice:

        Gracias, gracias Manuel. De nuevo gracias. Estoy seguro de que Bleda es inteligente y de que busca tres pies al gato. Yo sigo contando cuatro y sin tener en cuenta la cola.

  10. Alejo Urzass dice:

    Excelente entrada Manuel, y comentarios. Me he reído mucho con la ironía de @Alguien. Por la vía de la desigualdad creciente se están forzando mucho las cosas y se quieren poner tiritas antes de las heridas convirtiendo el estado de derecho en el patio de un reformatorio.
    Respecto a lo que dice el amigo @Bleda sobre la “verdadera heroína”, “que libró a los franceses de este personaje siniestro”, qué rápido se cambia de regla de medir, o ¿eso no fue un asesinato, o mejor dicho, un acto de terrorismo?

  11. Pedro dice:

    La resistencia pasiva es un contrasentido pues sustrae de la resistencia el carácter activo o agresivo y en el no-hacer encuentra un hacer.

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