Francisco Lapuerta Amigo

Francisco Lapuerta Amigo

«La voluntad tiene idéntica meta en hombres y animales: alimentarse y procrear», escribió Schopenhauer en un pequeño cuaderno el 14 de mayo de 1823. En esa época terminaba su segundo largo viaje por Italia. En el momento de escribir esta nota, Arthur Schopenhauer acababa de salir de Florencia, donde había disfrutado de la contemplación del arte del Renacimiento. No cabe duda de que el legado artístico del siglo XV, que todavía podemos apreciar hoy en la ciudad de los Médici, representa uno de los más altos logros de la cultura de todos los tiempos. Impregnados de ese aire refinado, melancólico y espiritual que emana de las pinturas de Leonardo, Rafael o Botticelli expuestas en la Galleria degli Uffizi, nos acordamos de la breve anotación del cuaderno de Schopenhauer y pensamos: ¡qué lejos queda el entorno natural y salvaje en el que evolucionó el ser humano durante la larga y oscura etapa de su infancia paleolítica! ¡Qué grande es la cultura!

No nos dejemos engañar. Por mucho que la cultura haya moldeado nuestras preferencias, por mucho que una inteligencia y sensibilidad adaptada al entorno civilizado haya podido ingeniar maravillosas creaciones artísticas, el instinto natural del animal humano sigue siendo el mismo que guió sus pasos en la prehistoria: la supervivencia y la reproducción. La cultura y la naturaleza no se oponen; confluyen y se complementan. La mayor parte de lo que tradicionalmente atribuimos a la influencia de la cultura es también producto de la naturaleza. Una naturaleza que, en forma de disposiciones genéticas hacia el aprendizaje, aflora en las entrañas de lo que todavía una considerable mayoría de personas cree que es exclusivamente producto de la cultura. Aprendemos mejor aquello para lo que estamos genéticamente predispuestos. Por ello conviene que la educación redoble sus esfuerzos contra lo que siendo demasiado fácil de aprender consideramos necesario evitar, como es el caso de la violencia masculina. Para ello hay que identificar previamente cuáles son las tendencias de comportamiento que  la naturaleza promueve y cuáles son las que por el contrario frena. Lo malo es que a menudo procedemos al revés: en lugar de ver la influencia de la naturaleza humana, solemos dejar caer del lado de la cultura lo que nos gustaría ver superado, precisamente porque imaginamos que puede ser más fácilmente reemplazado por algo mejor. Dudo de que ésta sea una buena manera de pensar las cosas.

Una de las cuestiones más polémicas al respecto es la de las diferentes actitudes de hombres y mujeres en la atracción sexual. Admitiendo que se trata de una generalización con cierto grado de excepcionalidad, la idea me parece básicamente correcta, pero no seré yo quien la exponga aquí, pues no estoy seguro de poder soportar la avalancha de iracundas críticas que me granjearía; prefiero que lo haga Schopenhauer, a quien no dolían tales prendas:

«El instinto sexual del varón se vuelve por naturaleza hacia muchas mujeres, el de la mujer hacia un solo hombre. Por eso, tan pronto como el varón ha enfriado su instinto con una mujer, ésta lo estimula mucho menos que cualquier otra (…). En cambio, la mujer se ve atraída a repetir una y otra vez esa satisfacción con el mismo hombre (…). El varón puede procrear muchos hijos con varias mujeres en un corto lapso de tiempo; por eso su instinto está orientado hacia la diversidad y el cambio. La mujer, por muchos hombres que tenga, sólo puede procrear un niño al año: de ahí que le baste un hombre y su instinto esté orientado hacia la constancia, pues la naturaleza le impulsa a conservar a ese hombre para que le ayude a cuidar de los niños. Esta es la razón de que la fidelidad conyugal de la mujer resulte natural y la del hombre artificial».

Arthur Schopenhauer, Manuscritos berlineses. Sentencias y aforismos. Valencia, Pre-Textos, 1996. Págs. 144-145 (trad.: Roberto R. Aramayo).

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26 Responses to Naturaleza y cultura. La atracción sexual

  1. Pau dice:

    Al margen de que la biologizante metafísica schopenhauriana en su fondo subexplica la compleja realidad con sus consabidos reduccionismos, parece totalmente cierto que no debemos buscar oposiciones entre cultura y naturaleza, más bien continuidad. La cultura sería una amplificación de la naturaleza, en el mejor de los casos, porque, como bien sabemos, abundan los casos en que la cultura se ha disociado de su carácter biológico y ha reprimido aspectos instintivos y emocionales, amén de los ecológicos. Todo ello (reprimir y disociarse de la naturaleza), puede operarse culturalmente precisamente por el carácter trascendente de la cultura: esta se apoya y sustenta en la naturaleza pero aporta notorias propiedades emergentes que no conviene intentar explicar meramente desde los presupuestos de la biología (subexplicación). Del mismo modo que tampoco conviene explicar la vida meramente desde la mecánica cuántica (la cual, en honor a la verdad, sólo hay unos cuanticos que la entienden…).

    En cuanto a que la educación corrija ciertas tendencias naturales, completamente de acuerdo. En el fondo, es relativamente indiferente si la violencia machista proviene de la cultura o de la naturaleza, seguramente de una mezcolanza de ambas. La ductilidad individual, radicada en la plasticidad cerebral, nos ofrece esperanzas para evitar los aspectos negativos de nuestros comportamientos (como la agresividad), que ya hicieron su servicio en etapas anteriores de la evolución. Y, del mismo modo que con la violencia machista, habría que actuar educando para derribar otros paradigmas. Sólo así avanzaremos por las sendas transitables y la autonomía individual no será meramente formal o legal: existen muchas disposiciones que corregir y muchos planteamientos de diverso énfasis intelectual, pero parece cada vez más claro que el afán por lucrarse, el ansia plutocrática, si bien hizo su servicio en otras épocas de capitalismo mercantil, es actualmente una disposición también natural y violenta.

  2. Alejo Urzass dice:

    Totalmente de acuerdo con Pau, el mismo motor en el razonamiento pero un golpe de timón aquí y ahora.

  3. Tyrande dice:

    Un instinto es un comportamiento inscrito en los genes. El hecho de que un 70% de la mujeres del mundo según la OMD reconozcan haber sido violadas, manoseadas por miembros incluso de su familia, no es una excepción sino resultado de un comportamiento inscrito en los genes, de un pasado en el que el hombre gobernaba y tomada a las niñas como le placía. Yo diría que más que naturales son producto de nuestra cultura, de nuestro orden de cómo hemos avanzado desde el Homo Habilis hasta ahora. Lo que explica Schopenahuer es una descripción de su época, yo diría que ahora resulta ingenuo pensar que las mujeres son fieles por naturaleza, ya que estudios sociológicos demuestra que la infidelidad está a un 50%. Lo que sucede es que las mujeres no se lo cuenta ni a su mejor amiga, de ahí la creencia patológica e ingenua de que son fieles por naturaleza.
    Y en cuanto a la reproducción, no falta mucho para que se creen los fetos fuera del útero, así que, lo único que nos queda son meras descripciones históricas, configuraciones de la sociedad siempre ligadas a la evoluciones tecnológicas, médicas, industriales…

  4. El Padrino dice:

    Escarmentado de anteriores debates salidos un tanto de madre, el profesor Lapuerta nos plantea la cuestión de sexualidad, cultura y naturaleza al amparo de la opinión de Shopenhauer, paraguas protector para recibir las críticas que en su caso pudieran producirse. Realmente las discrepancias se encrespan con demasiada facilidad porque todos nos comportamos con más totalitarismo de la cuenta al defender nuestras opiniones; bastaría con que fuéramos capaces de admitir que, por suerte, es normal que cualquier panorama tenga diversos puntos de vista. En este, por ejemplo, el planteamiento del filósofo alemán no es sino uno de los muchos posibles y fruto también de una determinada época.

    Básicamente es cierta la realidad de los dos factores fundamentales que se citan, la supervivencia y la reproducción. Siempre se habló de los dos instintos naturales de conservación: el del individuo y el de la especie. Algunas veces se ha venido a cuestionar el segundo de ellos pero creo que es un esnobismo bastante gratuíto: la vida nos demuestra a cualquier nivel de espacio o tiempo su explosiva energía. En “El Profeta”, hablando de los niños, Khalil Gibrán utiliza una expresión que me parece muy acertada: “Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la Vida, deseosa de sí misma”.

    Pero sobre cómo se manifiestan tales instintos a pie de obra, en las personas particulares, hay opiniones para todos los gustos e igualmente válidas. O, dicho de otra manera, todo se puede demostrar con buenas razones. Y, de entrada, no andan por ahí ´”el” hombre y “la” mujer, sino los hombres y mujeres, concretos y dispares en cuanto a caracteres y circunstancias se refiere.

    Por eso tomo nota de lo que dice don Arthur. Sin más, sin compartirlo. Por mí, don Paco puede cerrar el paraguas.

  5. Alguien dice:

    Yo diría que naturaleza y cultura no se oponen pero tampoco confluyen ni se complementan. Yo diría que se ignoran o mejor: que la naturaleza ignora la cultura (la naturaleza lo ignora todo menos a sí misma) mientras que la cultura no reconoce a la naturaleza. Entre ambas se viene a establecer una especie de diálogo imposibe, una conversación entre sordomudos.o siameses unidos por la espalda y cada cual dialogando con la pared de enfrente.

  6. María A. del Moral. dice:

    Si la naturaleza del hombre es producto también de la cultura y la experiencia vivida, no creo que después de millones de años seamos tan esclavos de nuestros instintos primarios. El valor de un ser humano está en que contiene todo lo que ha experimentado y todo lo que experimentará.

    No creo que el instinto y la fidelidad de un hombre hacia una sola persona pueda considerarse como ficticia.

  7. Abel Martínez. dice:

    De acuerdo con el comentario de El Padrino. Me ha gustado su cita sobre la forma poética con que Khalil Gibrán define el instinto de reproducción: “Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la Vida, deseosa de sí misma”.

    Dicen que en tiempos de guerra se incrementa ese instinto entre la gente. Durante la guerra civil muchos soldados se casaban antes de irse al frente y sus mujeres les acompañaban y esperaban cerca de las trincheras.

    Octavio Paz escribió este bello poema sobre Madrid bajo los bombardeos:

    “Madrid, 1937,
    en la plaza del Ángel las mujeres
    cosían y cantaban con sus hijos,
    después sonó la alarma y hubo gritos,
    casas arrodilladas en el polvo,
    torres hendidas, frentes escupidas
    y el huracán de los motores, fijo:
    los dos se desnudaron y se amaron
    por defender nuestra porción eterna,
    nuestra ración de tiempo y paraíso,
    tocar nuestra raíz y recobrarnos,
    recobrar nuestra herencia arrebatada
    por ladrones de vida hace mil siglos,
    los dos se desnudaron y besaron
    porque las desnudeces enlazadas
    saltan el tiempo y son invulnerables,
    nada las toca, vuelven al principio,
    no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres,
    verdad de dos en solo un cuerpo y alma,
    oh, ser total…”

  8. Epicurro dice:

    El efecto Coolidge, amigo Lapuerta, el efecto Coolidge.

  9. La Gaceta Flamenca. Ramona dice:

    Creo que la tesis de Shopenhauer está desfasada.
    Se han igualado mucho los sentimientos masculinos y femeninos.

  10. La Gaceta Flamenca. Ramona dice:

    Me refiero que “hoy” se han igualado mucho los sentimientos.

  11. Núria dice:

    Buenas noches compañer@s,

    Me remito a las palabras de un conocido ornitólogo, Richard Dawkins, que en su magna obra “El gen egoísta”, en el capítulo 8-Batalla de sexos nos habla de que el rasgo principal para distinguir los machos y las hembras en múltiples especies tanto en animales como en plantas es “… las células sexuales o<> de los machos son mucho más pequeños y numerosos que los gameos de las hembras”.
    Existe una hipótesis, bastante aceptada, de que en el origen las primera formas de reproducción eran isogámicas. Es decir, no había diferenciación entre células de macho y hembra y ambos progenitores aportaban el 50% exacto del código genético y de balance energético, por así decirlo.
    Más adelante, tras explicar varias estratégias reproductivas como la isogamia (representada en la actualidad por los hongos), Dawkins se centra en la estratégia humana con el caso concreto del óvulo y el espermatozoide:
    “Los espermatozoides y los óvulos contribuyen, de forma equitativa, en el número de genes, pero los óvulos otorgan mucho más en cuanto a reservas alimenticias[..]. En el momento de la concepción, pues, el padre habrá invertido menos de la cuota que le corresponde (es decir, el 50%) de sus recursos en su descendiente. Ya que cada espermatozoide es tan pequeño, un macho puede permitirse fabricar millones de ellos cada día. Ello significa que es potencialmente capaz de engendrar un número considerable de hijos en un período breve de tiempo, empleando con este fin a diversas hembras: hecho sólo posible porque cada embrión es dotado por la madre del alimento adecuado. Este último factor establece un límite al número de hijos que pueda tener una hembra, pero el número de hijos que pueda tener un macho es virtualmente ilimitado. Es aquí donde empieza la explotación femenina.”

    Resulta asombrosa la coincidencia entre el argumento de Schopenhauer y el de Dawkins.

    Es importante, pues, tener en consideración esta base biológica a la que consciente o inconscientemente estamos todos atados.
    Aún así, la misma naturaleza nos ha dotado de una herramienta cuántica, sujeta al azar y a la incertidumbre del universo que nos permite adaptarnos al contexto del momento, el cerebro, cuya máxima representación es la cultura.
    A través de la voluntad y la consciencia generamos cultura y así podemos aumentar o disminuir el volumen de la pulsaciones internas del ser humano, al mismo tiempo que las ornamentamos con rituales y preconcepciones de lo ‘socialmente estipulado’.
    El sexo, en nuestra civilización, ha dejado de tener un papel exclusivamente reproductivo y tiene una función de comunicación afectiva con los individuos de la comunidad. Esto explicaría el hecho que en la actualidad la promiscuidad en las mujeres y en los hombres no dista tanto la una de la otra en porcentaje, pues no se debe a una pulsión reproductiva sino afectiva y comunicativa.

    Esta es pues mi pequeña aportación en forma de gotita de agua en el océano de opiniones que se pueden aportar sobre este fabuloso tema!

    Saludos a tod@s!

    Núria

  12. Dalila dice:

    Como bióloga, no puedo estar más de acuerdo con la brillante y erudita glosa de Núria (a la que me gustaría conocer, por cierto). La anisogamia evolucionó a partir de la isogamia (que sigue dándose en muchos ciliados, algas unicelulares y hongos) y parece una estrategia superior a la isogamia pues combina la movilidad de los gametos pequeños y las reservas de nutrientes de los gametos grandes. Una especie en que ambos sexos produjeran gametos pequeños tendría resuelto el problema de la fecundación por encuentro de los gametos de distinto sexo, pero no el de los nutrientes precisos para el desarrollo embrionario del nuevo organismo. Si, por contraste, una especie produjera sólo gametos grandes, el problema de los nutrientes estaría resuelto pero no el de la reproducción pues los gametos grandes tienden a ser sésiles y eso dificultaría o haría imposible su encuentro. La combinación (obtenida en un proceso de selección diversificadora o disruptiva: la anisogamia es un caso de este tipo de selección) reúne lo mejor de ambos mundos: el gameto grande (normalmente aunque no siempre el femenino) aporta los nutrientes mientras que el gameto masculino asegura la movilidad y, con ello, la fecundación por encuentro con el gameto femenino.
    Que el sexo femenino suela poner la célula sexual más grande y costosa de producir (el óvulo) y el masculino la más pequeña y menos costosa de producir (el espermatozoide) influye muy directamente en la selección sexual, y hace que las diferencias en las preferencias de apareamiento por parte de ambos sexos sean una consecuencia de la anisogamia. Las hembras tenderán a buscar padres que les ofrezcan esperma de alta calidad genética y que sean tales que sus escasos y valiosos óvulos –fecundados por esos espermatozoides fetén- produzcan descendencia viable y fértil. Además, como el sexo femenino hace de entrada un desembolso mayor en la reproducción (la hembra contribuye con el gameto más grande y oneroso; y suele ser ella la que corre con el embarazo), estará interesada en hallar machos dispuestos a compartir los costes de reproducción con ella. La estrategia sexual de los machos es bien distinta: a ellos les interesa la promiscuidad, dejar fecundadas al mayor número posible de hembras; y buscarán en muchos casos desentenderse, además, del reparto de los costes de la crianza de la progenie.
    En pocas palabras: características fisiológicas y comportamentales (etológicas) de los dos sexos están condicionadas por la anisogamia de partida.

  13. Núria dice:

    Estimada Dalila,

    encantadísima de leer tu comentario y aprender aún más de él!
    soy estudiante de matemáticas y futura estudiante (este próximo curso) de biología. Me queda mucho que aprender :) y el tema de la reproducción es fascinante, teniendo una trascendencia vital en los sistemas vivos y la evolución.
    Así que cuando ví el artículo con la cita de Schopenhauer no me pude controlar los deseos de relacionarlo con el excelente libro del sr. Dawkins :) .

    Espero poder seguir aprendiendo y compartiendo con vosotros!

    Saludos,
    Núria

  14. Dalila dice:

    Estimada Núria:
    Debes de ser extremadamente joven. Lo digo por la forma en que escribes. Por cierto, escribes muy bien, Núria, cosa cada vez más difícil de encontrar incluso entre gente de más edad. Tengo colegas bioingenieros (a esto es a lo que me dedico), que son verdaderos manitas con el ordenador, pero que dan grima cuando tienen que redactar un informe de trabajo o escribir un artículo. Muchas veces me he dicho, y les he dicho a los de mi equipo (medio en serio, medio en broma), que, aunque formamos una buena escuadra de trabajo, nos falta, para completarla, un corrector de estilo, alguien que no nos haga pasar vergüenza por lo que publicamos. Al final, soy yo, mal que bien, la que acaba haciendo este papel. Ellos son unos chapuceros, como les digo poniendo cara de enfado, pero como saben que se lo digo con cariño, no se enmiendan, no te vayas a creer.
    También debes de ser una chica ambiciosa en lo intelectual, por eso de combinar matemáticas y biología, disciplinas que casan muy bien, te lo aseguro, como probablemente tú, Núria, ya te has dado cuenta. Son estudios duros pero valen la pena. Yo también tuve que estudiar muchas matemáticas por mi cuenta (más aplicadas que puras, eso sí), y sobre todo cosas de informática (ahora están por todas partes) para completar mi formación. Ya te digo: es duro pero muy satisfactorio. Te lo digo para darte ánimos, aunque intuyo que ánimos no te faltan.
    Por cierto, a mí también me encanta Dawkins. Es un fantástico divulgador (a veces más que eso), ¡y qué bien escribe!
    Yo ahora vivo en Glasgow por cuestiones de trabajo, pero a ver si acabamos coincidiendo en algún congreso.
    Afectuosamente,

    Dalila

  15. filipo dice:

    Después de asistir al esparcimiento de lisonjas, o de gametos, entre Núria y Dalila…(que si tú ambiciosa intelectual…que si tú estilosa correctora de estilo…que si mi equipo…que si el tuyo…) solo me queda por añadir, aquella celebérrima apelación con la que Marlene Dietrich puso fin a su particular intercambio de cumplidos con Greta Garbo: “Bueno, y ahora basta de comernos los coños”

    • x dice:

      Muy bien Filipo. Todo un comentario a la altura de la conversación (bunga bunga bunga!). No creo que seas biólogo y/o matemático, con lo que no sé si estarás a la altura de las exposiciones. Pero vamos: Mucho ánimo, que algún día se aprende!!!

  16. Núria dice:

    Quizás lo haya malinterpretado, pero el comentario de Filipo resulta bastante grosero.

    En definitiva, muchas gracias Dalila, ha sido un placer, espero contactar contigo pronto!!

    Un gran Saludo!!!

    Núria

    • Armatostenes dice:

      Yo no creo que filipo haya sido grosero, al menos no contra ti…contra Dalila quizá sí, y tal vez en merecido escarnio por haberte atribuido “ambición intelectual”..ya sabes, si es intelectual no puede ser ambición y si es ambición no puede ser intelectual. Yo en un alarde imperdonable de inmodestia me permito corregir a Dalila y decir: “debes de ser una chica curiosa en lo intelectual”…así te quedas tú con la curiosidad y a ella le dejamos la ambición, evitando indeseables proyecciones psicológicas…y todos felices y contentos… y tan amigos… y hoy paz (para todos) y mañana gloria (para quien la persiga).

  17. Alguien dice:

    Para “identificar previamente” las tendencias que la naturaleza promueve no contamos con otra cosa que dicha naturaleza. No contamos con otra cosa que con esas tendencias. Las piedras caen, pero no porque nosotros las empujemos hacia el centro de la tierra sino que, sin perjuicio de que podamos hacerlo (es proverbial el gesto de tirar algo al suelo, airados), ellas caen.

  18. Núria dice:

    Sinceramente, creo que algunos sois demasiado perniciosos en la interpretación de los términos. Especialmente al considerar el contexto y las intenciones de los comentarios. Por aquello de dar más relevancia al concepto que a las maneras de expresarlo.
    Si en definitiva se trata de disfrutar aprendiendo del conocimiento de unos y otros, de los comentarios de Dalila puedo decir que he aprendido mucho,
    mientras que de los de otros solamente he apreciado estilismo.

    Dadas las evidentes dificultades para contactar con Dalila por la privacidad de la página (cosa que me parece correcta y muy coherente), me he permitido el lujo de crear una cuenta en yahoo con motivo de contactar con ella en lo privado. La cuenta es: nuriag88@yahoo.com

    Saludos a tod@s!!

    Núria

  19. filipo dice:

    Algun@s somos demasiado pernicios@s en la interpretación de los términos y otr@s estan más preocupa@s en el estilo que en el contenido. Pero casi tod@s son capaces de expresar verbalmente lo que escriben, menos l@s que utilizan genéricos inventados para escribir…es@s, como l@s cobardes, me temo que son incapaces de hablar sin balbucear con tanta @.

  20. Alejo Urzass dice:

    En relación al tema principal, naturaleza, cultura y atracción sexual, se nos había pasado mencionar cómo en ocasiones el hombre, más veces que la mujer, resulta —resultamos–, cómico en sus merodeos alrededor de las hembras de la especie, quizá por el riesgo que toma. Y esto sucede tanto desde el deseo como desde el rechazo, como cuando se rechaza a las uvas en una fábula de Esopo. Pero ha venido @filipo a recordárnoslo con una demostración práctica.

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