Francisco Lapuerta Amigo

Francisco Lapuerta Amigo

Buscamos algo más, queremos ir más allá de lo inmediato porque suponemos que el mundo no puede ser únicamente lo que vemos a nuestro alrededor, necesitamos encontrar algo más, señales, huellas que nos indiquen qué es la realidad en sí misma, no la realidad conocida sino la realidad independientemente del humano (biológicamente limitado) modo de conocer.

Apelando a la razón, construyendo peldaños matemáticos, estiramos al máximo nuestras posibilidades de indagación y llegamos, a través de un largo proceso de depuración del conocimiento, a la física cuántica. Ahí nos topamos, sin embargo, con un nuevo escollo. Ni siquiera en la aparente falta de lógica con que funcionan las partículas logramos ir más allá de la experiencia. El observador condiciona lo observado. Hemos escalado los altos muros que separan el mundo físico del metafísico, pero aún no hemos podido ver más allá de las almenas.

Otros prefieren buscar lejos del conocimiento. La fe en Dios es una alternativa válida para muchos. Es algo así como un haz de rayos x que penetra en la dura piedra y lo pone todo al descubierto. Aliada de la duda y el comedimiento, frenada por el temor y la reverencia, la fe abre las puertas que desde la razón parecían cerradas. Pero las abre demasiado. Pues por la misma abertura por la que entra la fe en Dios, entra la fe en la inmortalidad del alma, la fe en la libertad incondicionada, la fe en la suerte, el perdón y la salvación. Puestos a creer, no hay límites: podemos creer incluso que estamos iluminados, o que somos el mismo Dios.

Otra vía muy transitada es el arte. Empezó siendo el mismo camino de la religión, pero se fue desacralizando, hallando en la propia estética su espiritualidad. Las Musas perdieron su carácter divino, pero nunca se vieron del todo reducidas a meras cualidades humanas. El artista primitivo era un médium, el clásico un artesano, el renacentista un superhombre, el moderno un romántico, el contemporáneo un explorador. El arte nunca ha pretendido reflejar la realidad tal cual se muestra a los ojos de todos los mortales. Más bien al contrario, invita a trascenderla, a intuir más allá, a vislumbrar su misterio. El asalto es puramente virtual: lo que haya detrás, sea belleza o verdad, dependerá de la capacidad del artista para imaginarlo, captarlo poéticamente y plasmarlo con oficio y sutileza.

Menos practicado, al menos en Occidente, es el pasadizo secreto que hay en las entrañas del propio yo. En cada uno de nosotros hay un fondo de realidad en sí, un fondo de verdad que no puede desvelar el conocimiento, ni la fe, ni la intuición artística. Es algo más inmediato. Tanto, que hasta ahora se ha considerado un elemento perturbador; y se ha reprimido, se ha culpabilizado, se ha menospreciado. Causante de la mayor parte de nuestro cotidiano sufrimiento, ese poderoso diablo que agita el cuerpo es el único acceso. A través de él, podemos llevar a cabo el asalto a la fortaleza desde el interior.

«Nuestro querer es la única oportunidad que tenemos para comprender al mismo tiempo desde su interior un proceso que se presenta externamente; es lo único que nos es inmediatamente conocido y no, como todo lo demás, meramente dado en la representación. Aquí está el único dato válido para convertirse en clave de todo lo demás o, como ya he dicho, el único y estrecho portillo hacia la verdad.»1.

1. Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación, Vol. II, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2003. Pág. 192. (Trad.: Roberto R. Aramayo).

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9 Responses to Asalto a la fortaleza

  1. Alguien dice:

    Ya, para poder decirlo incluso, estamos en el mundo de la representación.
    Aún así, diría que ya, ese querer ir más allá, pertenece también al más acá. O dicho de otra forma: no sospechamos un mundo más allá de la representación sino que una de nuestras representaciones (o la propia representación) es ese mundo.

  2. Pau dice:

    Me pregunto quién o qué accede a ese conocimiento cierto y preciso (¿válido?) de que el querer (voluntad) ofrece los datos más válidos y fundamentales de la insondable verdad. ¿Quién ha abierto tanto las puertas entonces? Sería mejor cerrarlas otra vez, que hay corrientes poderosas de aire. Fuera a ser que uno se resfriara y patentara con ello su contradicción (performativa).

  3. El Padrino dice:

    Estoy de acuerdo en ese anhelo del ser humano en asaltar la fortaleza de la realidad. Y en la variedad de intentos para conseguirlo mediante la razón, la fe en Dios, el arte o el “querer” a que se refiere Shopenhauer. Caminos varios, portillos más o menos estrechos para llegar a aquella.

    En todo caso, cualquiera que sea nuestra “religión”, nuestra manera de buscar la religación con esa realidad que se nos escapa, que nos desborda, nos vamos a encontrar siempre con una duda: ¿no será esa vía (la llamemos como la llamemos) algo hecho a nuestra imagen y semejanza para así poder satisfacer nuestros deseos?.

    Yo diría que no es esa una conclusión inevitable, que lo que ocurre es que somos hombres y, como tales, solo podemos sentir y expresarnos como tales. Nuestros conocimientos, nuestras deducciones, tienen detrás de sí una referencia antropomórfica, la única que nos es significante.

    Existe lo que se llama presentimientos, presunciones, instintos, presunciones… No son alharacas, irrealidades. El hombre (ya lo dije en otra entrada del profesor Lapuerta) es un curioso animal capaz de operar con espacios de más dimensiones que las que él conoce, con números irracionales, imaginarios… de “saber” que la realidad está “ahí”, le supera y es inaprensible…

    Newman dijo que creer es ser capaz de soportar las dudas; sí, vivir es ser capaz de soportar las dudas.

  4. Alguien dice:

    De acuerdo con esa definición de fe. La fe sería esa capacidad de soportar la duda. De acuerdo con ella, todos los desmanes que a cuenta de la fe no entendida de tal manera sino al modo tradicional y cometidos a lo largo de la historia, no se hubiesen cometido. Confundir la fe con la certeza parece ser, ciertamente, nefasto.

  5. El Padrino dice:

    Veo un par de erratas en lo que he mandado. Perdón por ellas (juraría haberlas corregido) : la primera es repetir lo de “como tales”; la otra es que la segunda “presunciones” debe ser “intuiciones”.

  6. María A. del Moral. dice:

    El único dato válido para entender la trranscendencia, es nuestro deseo de sobrevivir y comprender un día esta inmensidad y esta belleza.
    Nuestra sociedad secularizada y libre creo que es la que mejor puede hacer que la idea íntima de trascendencia no se nos escape.
    Decía Salvador Pániker :

    “Si la modernidad nos convirtió a todos en eunucos místicos, desde la “noche oscura” del relativismo postmoderno, podríamos estar recuperando la potencia perdida.
    Consigamos que la sociedad genere ciudadanos responsables y solidarios, y ellos mismos descubrirán la trascendencia.”

  7. Jordi Riera dice:

    M’agrada sobretot, en aquest article, la capacitat de síntesi ja que jo per a parlar d’un assumpte com aquest hagués necessitat pel cap baix el triple d’espai.
    Per la part que més d’aprop em toca, la fe, crec que ho planteges prou encertadament. De totes maneres a mi no em preocupa saber segur allò que sigui la realitat sino saber estimar i poder ajudar a les persones en aquell patiment que senten i viuen sigui real o no. Jo crec -cada vegada més- que és l’amor el que ens “salva” i el que ens ofereix la possibilitat d’aprofundir en el coneixement dels altres éssers.

  8. Alejo Urzass dice:

    La frase “Otros prefieren buscar lejos del conocimiento” para referirse al arte o a la religión es el lugar donde se descalabra toda la explicación. Porque asimila “conocimiento” a “conocimiento científico”. Y así caemos en contradicción al final, como señala Pau. Porque ese “pasadizo secreto en las entrañas del propio yo” no es sino conocimiento religioso (que es distinto que la fe; la fe no es conocimiento, sino sentimiento).
    El arte, es igualmente, conocimiento (¡por supuesto!)
    Podemos fácilmente imaginar un estado inicial de la conciencia en el que la ciencia, el arte y la religión eran lo mismo.

  9. olga dice:

    La aparente falta de lógica de la mecánica cuántica es muy posible que responda a otra lógica mayor que aún no conocemos.
    Me he preguntado muchas veces si lo que llamamos realidad existe de verdad o si existen múltiples realidades, como miradas existen.
    Si el observador condiciona lo observado, el ser, uno mismo entra dentro de la categoría de objeto en cierto modo y puede ser condicionado por nuestra mirada, pero esamirada ha de ser interna, no condicionada por juicios exteriores, y dependiendo de cómo nos miremos así seremos porque no somos un algo acabado, estamos en continua transformación y cambio.

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